Buenos Aires, Salta, Cafayate, Valle de Uco.

Recuerdo perfectamente aquel día de noviembre de 1987, cuando recibí una llamada telefónica procedente de España, de un argentino, dueño de una bodega, quién no hablaba más francés que yo castellano, y me pedía mediante una operadora, que por favor lo asista.
Todavía vivíamos arriba del laboratorio Cours des Girondins en Libourne, y yo me veo traduciendo a Dany las razones de mi asombro y de mis onomatopeyas telefónicas… y pensamos al mismo tiempo: “Un argentino que hace vino? ¿Por qué no? Si esto no es serio, será al menos un viaje bonito al país del tango”.

La cena con los Etchart

Algunas horas después de nuestra llegada, fuimos acogidos por un trío encantador de caballeros, de corbata, vestidos en elegantes: Arnaldo, Sergio y Moro, los tres hermanos Etchart.
La cena estuvo prevista en el Jockey Club de Buenos Aires; bella institución, gran standing.
Afortunadamente, un amigo de Arnaldo hablaba bien el francés y jugó a los intérpretes, además de un periodista, Miguel Brascó que tenía algunas nociones de la lengua de Molière, y una gran cultura gastronómica.
En un momento, traen a la mesa los vinos, logicamente de la bodega de los hermanos Etchart. Dany sugirió refrescarlos, ya que su temperatura estaba por encima de lo que debía tener un vino a la hora de servirse. Luego de degustarlos, nos pidieron nuestra opinión sobre ellos y su presentación, y ahí nomás se armó una revolución en la sala.
¿Debíamos decir todo lo que pensábamos a nuestros anfitriones que estaban tan emocionados por la situación? Por suerte, ambos tuvimos el mismo pensamiento: Más allá de que tenían un ligero sabor acorchado, o que estaban demasiado calientes, lo apropiado era tener ciertas reservas.

El terruño del Noroeste

Al día siguiente partíamos con el clan Etchart rumbo a la bodega, en el noroeste argentino, más exactamente en Cafayate, Salta.
Luego de una visita con todas las de la ley por la hermosa ciudad colonial de Salta, nos fuimos inmediatamente a la bodega situada en Cafayate.

Estábamos en los Valles Calchaquíes atravesando quebradas de nombres que hacen soñar… con las montañas de roca esculpida por la erosión en castillos de piedra y arena.
Finalmente apareció Cafayate – hermoso pueblo a los pies de la precordillera, a 1.700 metros de altura – viejos toneles que bordean el camino nos indicaban las bodegas, y por fin… viñas… en parral!

Luego, inmediatamente después de un pequeño y estrecho puente que atraviesa el río casi seco, llegamos a la casa familiar junto a la Bodega Etchart, donde fuimos acogidos por Arnaldo y Hebe, Sergio y Sofía y todos sus hijos: una verdadera tribu alegre, de vacaciones en este verano de marzo de 1988. Y amigos, siempre muchos amigos…
Nos costaba trabajo comunicarnos, pero me prometí aprender rápidamente el español como el inglés, si quería seguir con mi nueva carrera de asesor… los intercambios profesionales, por traductor interpuesto, son fastidiosos, y hay tanto por aprender unos de otros, que comunicarse claramente es necesario.

Finalmente apareció Cafayate
hermoso pueblo a los pies de la precordillera,
a 1.700 metros de altura.

Es así como empezó nuestra aventura argentina: Una profunda atracción hacia los paisajes, la viticultura, el gusto de las cosas, una historia de familia y de amistad con los Etchart que se prolongará más allá del asesoramiento de la bodega familiar. En 1998, la bodega Etchart fue vendida. Arnaldo, Hebe y su hijo Marcos, emigraron hacia una pequeña propiedad, a pasos de Cafayate, por un difícil camino de piedras: Yacochuya, un pequeño viñedo salvaje, de muy viejos malbec (plantados en 1915), a 2030 metros de altura, con una vista increíble del Valle: un lugar mágico, lleno de belleza y una excepcional calidad en el sabor de las frutas. Decidimos asociarnos, creando una pequeña bodega, construida en 1999 y donde elaboraríamos, ese mismo año, el primer vino Yacochuya, cuya etiqueta repite el famoso cactus tan pintoresco del paisaje cercano.

El proyecto mendocino

 

Entre tanto, y en cada viaje, habíamos recorrido otras regiones de Argentina: desde el trópico hasta Patagonia, en el medio, el área vitícola más grande: Mendoza. Asesoré en las Bodegas Trapiche, luego Norton, Fabre Montmayou, Salentein… Cuanto más tiempo pasaba en este país, más ganas de entenderlo tenía, de ser allí un actor, de vivir allí. Dany igualmente. Hablaba con tanta pasión de la calidad de vida y del potencial de los vinos, que algunos franceses vinieron desde allá y se instalaron.

Convencidos por estos suelos pedregosos y poco fértiles, su clima continental y semidesértico decidimos establecernos en las planicies del Valle de Uco, al sur de Mendoza y soñar con un verdadero proyecto vitícola; descubrir un lugar que se nombre “terroir”, plantar nuestro propio viñedo, crear desde la “A” hasta la “Z”, con todo lo que había aprendido de esta tierra, de los vinos que producían, de recursos y potencial que ya adivinábamos. Así, pusimos el ojo en las tierras de Vista Flores, pero no un medio proyecto de una centena de hectáreas como imaginé al principio, fueron 800. Estábamos envueltos en un arrebato y una inconsciencia totalmente juvenil.

Recortamos el terreno en siete parcelas pensando en potenciales inversores para cada un de ellas.

Así nació, en 1999, el Campo de Clos de los Siete y con él, una nueva vida que dar a estas tierras áridas, de rocas milenarias de la precordillera, bajo el ojo protector y el perfil majestuoso de las cumbres de más de 6 000 metros de altura y sobre las inmensas capas freáticas de agua milenaria de excelente mineralidad, que permitirían la irrigación.

Al mismo tiempo, a algunos pasos de ahí, hacíamos con Trapiche, que compraba las uvas, el Iscay, que co-firmábamos juntos con Ángel Mendoza. Así fue que supe que la propiedad estaba en venta, 10 hectáreas de viejo malbec que conocía muy bien. Nacía el pequeño viñedo de Val de Flores.
Luego, de que cada uno de los socios construyó su bodega en su parcela, vemos el resultado de más de diez años de experiencia sobre este terreno. Nuestra Bodega fue la última en asentarse, para vinificar allí la cosecha 2010.
Hasta ahora, son cinco bodegas, que han crecido como hongos que emergen en esta inmensidad de viñedos, cuya superficie equivale a la de Pomerol.
Paralelamente a la producción del vino del grupo, cada uno hace también, bajo su propio nombre, las “cuvées” de su estate: para nosotros, es «Mariflor» – la parcela más alta, mirando la Cordillera.
Este país me llamó, nos recibió, me respetó, me escuchó, me sensibilizó, y del Norte hasta el Sur, desde Cafayate a Neuquén, a lo largo de esta fantástica columna vertebral que es La Cordillera de los Andes, me hizo descubrir las verdaderas expresiones del malbec y de muchas otras variedades de uvas, en la diversidad, la originalidad, que cada región ofrece gracias a su suelo, clima, altura y latitud específicas.
Es también una experiencia humana excepcional, compartida con Dany y luego con mis hijos, fabuloso tramo de la vida con gente que queremos: los amigos del país, los colaboradores, los socios… ¡sin duda una segunda patria!

El Proyecto Val de Flores

El viñedo de Val de Flores fue gran descubriendo de Michel en Argentina, es un pequeño viñedo. Este pequeño viñedo del cual surge este vino, proviene de antiguos malbecs de más de 80 años. Está ubicado a los pies de la Cordillera de los Andes, en Vista Flores, en el sur de Mendoza. Al observarlo ofrece un espectáculo que deja sin aliento: olas de viñas bordeadas de rosales y de olivos, con una perspectiva de cumbres nevadas, todo bañado por un sol generoso bajo un vasto cielo de un azul infinito.

Val de Flores es una historia de amor, donde la familia puso toda su energía, sentimientos y todos sus cuidados a las uvas de este viñedo y a la elaboración de su vino, que goza de lo mejor de su savoir-faire, de toda su experiencia y su entusiasmo, respetando un entorno excepcional. Casi podría decirse que este viñedo es el jardín de la familia Rolland, a la vista de la inmensidad que lo rodea. El equilibrio perfecto entre la naturaleza y el sol

Ambos desean fervientemente que Val de Flores sea siempre un homenaje hacia esa naturaleza encantadora y preservada, y desean también compartir su pasión por los vinos de Argentina!

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